Categoría: Desmadrid

  • El PP mete a los nazis en Malasaña

    Malasaña es un barrio sin problemas graves de convivencia. En sus parques juegan niños de todos los colores y todas las procedencias. Los hay con más dinero y con menos, pero nunca hay sucesos graves, ni siquiera reyertas menores. En Malasaña, numerosas asociaciones, vecinos y colectivos trabajan día a día, juntos, para mejorar el lugar donde viven y trabajan. Aquí, los vecinos nos llevamos bien.

    Los nazis saben todo esto. Son conscientes de que el barrio es un ejemplo de diversidad y de que su discurso racista y retrógrado se desmonta con solo dar una vuelta por sus calles o sus colegios. También saben que Malasaña es un barrio de izquierdas. Más del 50% de sus votantes apostó en las últimas elecciones por Manuela Carmena. Por eso quieren venir a reventarlo.

    Como son muy pocos, los nazis necesitan aliados. Y los han encontrado en el PP, a través de su delegada del Gobierno. Concepción Dancausa, expresidenta de la Asamblea de Madrid durante el corruptísimo Gobierno de Aguirre, Granados el Púnicas e Ignacio González el Bolsas, ha autorizado una manifestación de neonazis por las calles de Malasaña y con final en el Dos de Mayo.

    A Dancausa le ha debido de parecer oportuno convertir Malasaña en un polvorín a un mes de las elecciones, metiendo a los nazis hasta la cocina, a ver qué pasa. Pero esta imprudencia le puede estallar en la cara: nadie quiere un gobierno que busque la bronca poniendo en peligro a los ciudadanos. Sus (cada vez menos) votantes preferirán en parte, seguro, otorgar su confianza el 26-J a partidos que no apoyen protestas de otro siglo, intolerancias que ni la derecha -más allá de sus extremistas- ve ya con buenos ojos.

    El sábado por la tarde no estaré en Malasaña. No tengo ningún interés en ver a esa cuadrilla de orangutanes haciendo el mono (con perdón para los simios de verdad por la comparación). Confío en que nadie les siga el juego a esta gente, que les dé la espalda y que, como mucho, se tapen la nariz cuando los vean. También espero que a la noche, cuando vuelva a mi casa, se haya ido el olor a mierda que dejen a su paso.

  • La pista de Kevin Durant, primera reforma privatizada por Carmena

    Leo que el fin de semana una marca de zapatillas ha renovado la única pista de baloncesto gratuita de todo el centro de Madrid (150.000 habitantes en el distrito). Lo hizo para acoger la visita de la megaestrella de la NBA Kevin Durant (MVP en 2014), que visitó España estos días para promocionar la marca que lo patrocina.

    La pista en cuestión es la de Casino de La Reina, una cancha en la que a partir de ahora se podrán tirar triples sabiendo donde está la hasta ahora desdibujada línea que los marcaba, en la que no te torcerás un tobillo pisando alguna de sus faltas en el pavimento. Eso sí, a cambio tendrás que pagar el peaje de ver la marca con la que se ha privatizado esta reforma, presente en el círculo central de la cancha (que no existía), en diferentes partes del suelo y en cada uno de los tableros.

    La cancha de Lavapiés es un auténtico oasis del deporte callejero en un distrito que no tiene apenas pistas deportivas al aire libre (solo esa y la de Conde Duque). Ella misma es un reflejo del barrio, con partidos multiculturales en los que se mezclan todas las razas. Yo mismo he jugado en un mismo encuentro con chinos, dominicanos, puertorriqueños, españoles y marroquíes. De cada uno de ellos aprendías una visión del baloncesto diferente y enriquecedora.

    El cambio político en Madrid que se dio el pasado mes de mayo me hizo pensar que tal vez se repetirían en todo el distrito Centro canchas como la de Lavapiés. Lugares en los que es posible juntarse con otros colectivos con los que solo mantienes en común tu amor por el baloncesto, centros de encuentro que ayudan a hacer barrio.

    Por eso me he llevado una desilusión mayúscula al ver que la primera actuación sobre las instalaciones deportivas del nuevo Ayuntamiento es la de ceder la reforma de esta cancha a una firma privada, a cambio de que colocara su publicidad. Esperemos que los de Carmena no sigan ese camino y que las siguientes fotos de la alcaldesa sean abriendo espacios sin usos al deporte, porque la vía tomada en Lapaviés es peligrosa: se empieza privatizando las reformas y se acaba poniendo el nombre de una empresa a la estación de Sol.

    Actualización: Nos cuentan que entre la preparación del evento y un supuesto roto en una alcantarilla durante el acto la pista lleva cerrada al público una semana (ver los comentarios debajo). Otra consecuencia negativa más del acto que esperemos no se extienda demasiado en el tiempo.

  • CIBALL se va a la mierda y el Ayuntamiento tira otros 327.957 euros

    «Hemos descubierto que la innovación suele fallar al principio y al final del proyecto». La frase, pronunciada por uno de los «innovadores» del vídeo promocional de CIBALL (Centro de Innovación Ballesta) que ilustra estas líneas, parece hoy un perfecto epitafio a la defunción de este centro, uno de los últimos ejemplos de la burbuja de derroche del Ayuntamiento de Madrid en proyectos de los que todo el mundo pillaba cacho.

    El espacio nació hace nada, en el año 2011, poco antes de las elecciones municipales. Lo inauguró el hoy difunto Villanueva, y nació con la vocación de «incorporar a los ciudadanos y a las empresas a la sociedad del conocimiento, de la creatividad y la innovación», decía el Ayuntamiento en la nota de prensa que distribuyó a los medios.

    El centro costó 327.957 euros de dinero público -financiación del Plan E-, que se invirtieron en reformar por completo el local, situado en el 41 de la Corredera de San Pablo, y en el que se colocaron «los últimos avances en equipamiento multimedia, entre los que se incluye un video-wall de 2 x 2 metros, una pantalla de LED 3D, un proyector tridimensional y un sistema de grabación para ponencias y conferencias con la capacidad de retransmitir los eventos en videostreaming». A la inauguración acudieron todos los enteradillos del barrio a hacer el juego al Ayuntamiento. Por ahí también andaba la asociación de especuladores comerciantes Triball, que suponemos también acabarían pillando cacho colaborando con la institución.

    Hoy, casi tres años después, el local muestra un cartel de Se Alquila (como muestra la asociación Acibu e informa Somos Malasaña). Ningún responsable municipal ha explicado por qué. Algo que es obvio que deberían hacer. Y los vecinos denuncian que con ello, el equipo de Ana Botella y del concejal de Distrito -David Erguido- abandonan un poco más una zona de Madrid dejada de la mano de dios en cuanto a servicios municipales se refiere.

  • Las pruebas de calidad a los músicos callejeros son un puto asco

    Madrid, ¡qué penica das! Por suerte siempre habrá quien logre sacarnos una sonrisa.

  • Alerta: Triball quiere echar sus garras sobre el Mercado de los Mostenses

    El grupo inversor y gentrificador por excelencia de Madrid, Triball, que consiguió que el Ayuntamiento de Madrid pusiera su nombre -privado- a una parte de Malasaña, ha echado el ojo a otra zona dejada caer por el consistorio: el Mercado de los Mostenses.

    El lugar fue abandonado por el Ayuntamiento desde los tiempos de Gallardón, quien pese a haber reformado el resto de instalaciones similares de la ciudad, había dejado sin mantenimiento el de Mostenses, paradójicamente uno de los que mayor actividad económica presenta de toda la capital.

    Ahora, Triball se acoge al manual gentrificador de libro para presentar al Ayuntamiento una propuesta de renovación e una zona depauperada a cambio de una concesión para los próximos 20 años. El consistorio, amante de la privatización de todo lo público, ve con buenos ojos la propuesta y, en lugar de reformar por sí mismo un mercado que funciona muy bien económicamente hablando -su actual portavoz Enrique Nuñez bien lo sabe- lo quiere regalar a una empresa de su cuerda.

    Más información, en este enlace

  • Ana Botella quiere privatizar un parque con jardines en medio de Madrid

    El Ayuntamiento de Madrid instaló sobre los Jardines del Arquitecto Ribera, una de las pocas zonas verdes del centro, un mercado provisional para alojar a los comerciantes del Mercado de Barceló mientras reformaban el edificio que los albergaba. Lo hizo con el compromiso de retirar la infraestructura al finalizar las obras. Ahora, varios años después, el futuro del parque más grande de Malasaña es incierto por los intereses del equipo de Ana Botella, que planea no devolver los árboles al corazón de Madrid.

    La jugada del Ayuntamiento ahora es olvidarse de lo prometido e intentar colar la infraestructura portátil que levantó como definitiva, en contra de todo el sentido común y destruyendo para siempre los jardines, cediéndolo a empresas privadas y cobrando IBI sobre un terreno catalogado como zona verde. Para ver los efectos del antes y el después, nada mejor que este vídeo tremendamente didáctico:

    Pero los vecinos de la zona no están dispuestos a permitir esta barrabasada. Han montado una plataforma (Vecinos Haciendo Jardines) para tumbar los planes municipales y exigir que se tenga en cuenta su opinión a la hora de restablecer el parque. De momento están recogiendo firmas en la calle y en este enlace. Y buscan todos los apoyos posibles. Así que, si tienes medio minuto más, échate una firmita aquí.