Hoy, uno de los miembros de Madrid Me Mata hace un relato magistral construido a base de recuerdos colectivos de cómo era el barrio de Malasaña en los noventa, cuando el rock y el indie sustituyeron a la movida, cuando muchos de los que ahora vivimos en Madrid descubrimos la ciudad:
Olor a pis, mucho olor a pis y vómito. Recuerdo que los bares de viejo no eran una extravagancia molona, sino el paso previo natural antes de los rock bars. Recuerdo también noches enteras sin entrar a ningún bar. Y de principio a fin – siempre -La Vía o el Nueva, más o menos igual que ahora pero con menos guiris
Si queréis leerlo completo, lo tenéis aquí. Y si queréis compartir vuestro recuerdo de Malasaña, hacedlo en los comentarios!
Una cosa que se me había pasado y mola bastante. Una noticia de tiempos de Mari Castaña (suponiendo que esta viviera en los años veinte) que habla de una pelea (armada) en Madrid…entre la Guardia Civil y Policía Municipal. La reyerta se produjo en 1922 a propósito de las obras del metro de Madrid, que no sabemos si ya volaba pero que ya entonces (se había inaugurado un par de años antes la línea 1) era causa de conflictos. El propio alcalde tuvo que dimitir. Unos técnicos municipales acompañados por el Teniente Alcalde se presentaron en la estación de Puerta de Atocha para llevar cabo una inspección que podía conllevar la suspensión de las obras y fueron echados de mala manera por la Guardia Civil. Luego vino el propio alcalde (el hijo del Conde de Romanones) con su comitiva, y de nuevo fueron expulsados de allí por la benemérita pistola en mano. Se lió parda.
El revuelo político posterior fue considerable, leemos que :
“En ese punto Andrés Saborit, diputado socialista, acusó al Gobierno de haberse vendido por un millón de pesetas a la empresa privada y a los intereses de “cierta elevada personalidad” aludiendo de forma directa a la cantidad adquirida en acciones de Metro por el propio rey Alfonso XIII y al interés personal de este en la rápida finalización de las obras.
Poco a poco las aguas volvieron a su cauce. El Ayuntamiento recibió una compensación de 81.000 pesetas y las obras del metro continuaron sin mayores incidencias.
”
La célebre taberna cerró hace nueve años y recientemente el edificio se ha restaurado para hacer pisos. Los azulejos de la fachada ya desaparecieron en los sesenta, con los del los del interior- pénsabamos – se había tenido buen mimo al principio de acometer la remodelación. A la vista del vídeo ahora sabemos que no, que el cuidado que se ha tenido con estas piezas de nuestro patrimonio se parece más al que Manolo y Benito tienen con sus ñapas que al meticuloso trabajo de restauradores profesionales.
Sobre Los Gabrieles hay mucha mitología e historia de la noche madrileña. Casa del cante, de toreros, señoritos, gitanos y prostitutas, en sus cuevas –se dice- hasta algún rey se corrió una buena juerga.
Recuerdo haber leído en alguna ocasión del ruedo que había en una de las habitaciones del sótanos donde diestros y mujeres abandonados al jerez y quien sabe que más hacían corridas bufas en pelotas. El propio Manolete tenía allí establecida “oficina”.
Como curiosidad, el lugar también aparece citado como “Los Grabieles” en distintos sitios. En Madrid hubo un tiempo en que “ganarse los grabieles” (un tipo de uva, si no me equivoco) significaba ganarse el parne, y poco a poco fue derivando en “ganarse los gabrieles”, que es “ganarse los garbanzos”. Sabina, en su canción “De purísima y oro”, habla de “Los Grabieles”,por ejemplo. En la mayoría de sitios se habla, sin embargo, de Los Gabrieles. Quizá algún lector sepa sacarnos de duda ¿fue alguna vez Los Grabieles o se le conocía así popularmente?
Hoy una de historia de la ciudad, pero de ese tipo de Historia que tiene uso desde el presente, de la que sirve para pensar el espacio público de hoy desde el alma acumulada de los lugares.
En el capítulo de entrevistas dedicado a Enrique Villalba en el proyecto 15m.cc (por cierto, las entrevistas serán sin duda material excepcional para historiadores), el profesor hace un recorrido minucioso y apasionado sobre el uso del espacio público. Os recomiendo escuchar toda la entrevista pero yo aquí enlazo desde el minuto 20, que es cuando empieza, más o menos, el recorrido por la historia de la Puerta del Sol.
El segundo retal que os traigo hoy es la evolución del uso público de la Plaza de la Cebada a través de los tiempos con un ojo puesto en el proceso actual del Campo de la Cebada y unas ilustraciones muy curradas.
Ya puestos, os recordamos que en su día hicimos un buscador (habría que actualizar las fuentes) con páginas y blogs que ponían la atención en la historia de Madrid.
La gente de Madrid Ciudadanía y Patrimonio ha hecho un expléndido informe histórico sobre las vidas del Hotel Madrid y de su siamés Teatro Albéniz. Casi treinta páginas ilustradas y muy bien documentadas que nos ayudan a mirar esos inmuebles –hoy en el punto de mira– con otros ojos.
Unas brevísimas notas de resumen que he sacado:
Ambos ocupan el solar donde estuvo en tiempos la Imprenta Real (s XVIII), y antes incluso se editaba allí, en un taller privado, la Gazeta, antecedente del BOE.
En 1867 se suprime la Imprenta Real y el edificio pasa a ser casa de Correos y Telégrafos, cuando esta se va de la Puerta del Sol (donde está hoy la presidencia de la Comunidad). Permaneció con este uso hasta la inauguración de la sede de Cibeles en 1918.
Pasa entonces a ser sede de la Dirección General de Aduanas y de la Dirección General de Seguridad. Acogió provisionalmente también (hasta 1927) la Asociación de la Prensa.
En 1926, dentro de una operación para descongestionar de tráfico la Puerta del Sol, es vendido en subasta pública (para sufragar gastos). Se derriba en 1927, aunque en el plan inicial sólo estaba contemplado derruir la parte que daba a la calle Paz.
Se construye el Hotel Poymar (su promotor se llamaba POrres Y MARtinez), que se inaugura en 1930, y se proyecta el teatro-cine Poymar, que encuentra dificultades de financiación para ser construido.
El teatro es construido tras la Guerra Civil, con el nombre de Albéniz. Se inauguró en 1945.
En 1934 el hotel había sido rebautizado como Hotel Madrid.
Los nuevos propietarios, que compraron obtenida la desprotección legal del inmueble, pretendía demolerlo para construir otro edificio en su lugar
Seguro que muchos recordáis las pintadas de “Minuesa resiste” en todo Madrid . El histórico CSO de finales de los ochenta y primeros noventa (duró hasta el 93) es para muchos de nosotros el primer recuerdo de la okupación madrileña (hubo otros antes, claro pero a los de mi generación nos pilló muy pequeños). A Minuesa nunca llegué a ir, tengo recuerdos del viejo Seco, la Guindalera, el David Castilla, el primer Labo…pero Minuesa, la vieja imprenta de Ronda de Toledo, era para nosotros el nombre mítico.
He encontrado por ahí un documental de Javier Corcuera (juraría que ya lo había visto) sobre Minuesa y la épica historia de resistencia el día del desalojo, con un centenar de personas apostadas dentro.